Si es primera vez que entras aquí relaja el choro y disfruta. Si es que entras porque me conoces no juzgues. Puede que no todo lo que leas te guste o lo aceptes pero esta soy yo y aquí me tienes.

martes, 14 de junio de 2016

El malecón

Aveces es inevitable recordar.
Paseaba con mi bicicleta e iba lo más rápido que puedo, como si tratara de escapar de alguien que me persigue. Aceleré y frené en seco frente a una banca, me senté y abrí mi libro de turno. Me estiré a buscar algo con que cortar el plástico de mi libro nuevo, me puse a buscar y cojo mis llaves. Pasé mis llaves por mis dedos, buscando la más filosa o grande que pueda cortar el plástico de mi libro para disponerme a leer en paz y recordé.

Recuerdo que hay dos llaves que no son mías. ¡Maldita sea, iba tan bien! Recuerdo que esas dos llaves son tuyas, de tu casa, de la puerta que nunca pude abrir. Me pareció algo irónico tener siempre estas llaves y no haberme dado cuenta hasta ahora. Es ahí cuando me di cuenta que esas llaves ya no eran mías. Ya no me pertenecían. No tenían ninguna función de estar ahí. Me dispuse a sacarlas del llavero y las dejé en la banca.

Mi tranquilidad se había perturbado por completo. Así que subí a mi bicicleta y dejé la idea de leer a un lado. Pedaleé y pedaleé muy rápido otra vez, tratando de escapar. Sin embargo, tonta yo, que fui a parar al malecón. Tonta yo que comencé a recordar.

Pasé por los caminos que recorríamos tomados de la mano, vi la banca donde me senté a llorar un día que me hiciste daño, pasé por el faro donde quisimos comenzar de nuevo, vi miles de puestos de estacionamiento donde solías dejar el auto, pasé al lado de pasto y arboles que alguna vez habitamos y como no recordar aquel barco en donde sin escrúpulos logramos una de nuestras más grandes hazañas: hacer el amor al aire libre.

Miles de recuerdos en mi cabeza y yo seguía recordándolos, cada vez pedaleaba más fuerte y más rápido. De nada servía, me alcanzaron. Paré en un árbol y me puse a llorar. Yo que ya había pensado haberte superado en llanto, pues no imaginas mi sorpresa cuando me desplome en aquel árbol. Fueron tantos recuerdos contigo, fue inevitable no llorar.

Hoy después de casi 5 días desde ese suceso, he vuelto al malecón. Hoy terminé el recorrido llegué hasta el grifo de almendariz donde tantas veces estuvimos juntos. Tantas risas se quedaron ahí. Pasé por nuestro lugar secreto detrás del hotel en Miraflores, donde tantas noches nos entregamos el uno al otro sin vergüenza alguna. Seguí pedaleando por todas partes y ahora me tomo un respiro para escribir esto. Sigo aquí, tengo mi libro y tengo mi calma. Ahora paso y sonrío. Recuerdo en paz, me alegro de haber tenido tantos recuerdos aquí. El malecón es uno de mis lugares favoritos. Siempre lo fue y siempre lo será, pero ahora ya no es solo por la vista y la tranquilidad. Ahora es por los recuerdos y por todas las veces en las que fui feliz aquí. Gracias por esto. Gracias una vez más.


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