No voy a tener celos de un alma inocente, que como yo podría tropezar ante tanta belleza.
Que como a mi le deslumbras y le apeteces.
No tendré celos de un alma inocente qué como buen mortal se enamora de los ojos más lindos, de tu sonrisa perfecta.
No tendré celos de un alma inocente de aquellas miradas que te lanzan al viento, de pequeños intentos de tocar el cielo contigo.
Porque entiendo, porque comprendo.
Porque siento compasión por aquellas almas, que como la mia se vuelven locas cuando te ven de lejos.
Que como la mia se estremecen cuando las miras, cuando las tocas.
Que cuando te sienten se aceleran, se retuercen.
Que como la mía se enamoran con cada cuento, con cada risa.
Y es que les tengo afición a todas ellas.
Las respeto y les deseo suerte. Aquella suerte que sólo yo pude tener.
Aquel error fortuito que alguien divino debio cometer.
Suerte de tenerte todo el día, de ver contigo madrugadas, de cada beso, de compartir almohadas.
Suerte de tu barba picando mis mejillas, de tus ojos, tus sonrisas.
Suerte de contar tus pecas, de tener tu abrigo, de compartir un vino contigo.
No tendré celos de quien te quiera, de quien te sueñe, de quien te piense. No tendré jamás celos, pues conmigo fue pura suerte.
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